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Vértigo




Se grabó de forma permanente aquella imagen y creo no recordaré mucho más que aquel instante en el que me dirigía hacía su despacho. Ella,  paralizada y callada me miraba. Yo jugando al despiste, con mi bloc de notas, como siempre.

La tensión se respiraba desde lejos mientras cerraba la puerta y tomaba asiento. Aquella energía inerte me envolvió y entonces lo supe, desde la distancia, en silencio.

Fueron suficientes tres palabras, "No sé cómo..." Del resto no recuerdo más que turbiedad. Mis ojos luchaban por centrarse y fijar la mirada  en aquella figura, borrosa e  insensible mientras mi mente viajaba por los mil y un momentos vividos por y para, y que se iban evocando, martirizando mi resistencia.   Mi cuerpo afligido, intentaba corresponder a la serenidad, inútilmente.  Me envolví entonces de lágrima y pavor y deseé despertar.

Todavía hoy, intento hacerlo, pero el insomnio me indica que el sueño está lejos y la realidad me persigue. Afrontar durante cuatro días después,  la agonía de levantarme como siempre, a la misma hora de siempre, encender mi ordenador, repasar el correo y haciendo ver que todo sigue igual aun sabiendo que las horas están contadas y que mi muerte se decidió en un ensayo de laboratorio tres años atrás.

Me alimenta el ego, me empuja la rabia y me serena el nuevo abismo que se abre paso sutilmente a medida que se acerca la indecisión. Ejecuto por momentos un Brainstorming suicidándose  cada idea que aparece. Torturo al descubrimiento quedándome en el umbral, contemplando  los nuevos rumbos  desde este escenario donde resido y donde  cada actor que se me cruza  no es más que una ficción generada por mi imaginación.

Siento que se acerca el poder de esta inestabilidad, de la ruptura. Viajo en su vértigo

La muñeca infeliz

Iba durmiéndose despacito mientras cosía los indicios que encontró en aquella habitación. Pensaba en la inutilidad del sentimiento cuando cae al suelo cada mañana al despertar. Le irrumpía la soledad al ver su agenda de juguete y su cama vacía.
De nada servían las rosas secas de su álbum del instituto ni todos aquellos amores volátiles ahogados en alcohol. De nada servía la interpretación si su vida era una jodida mentira en la que todos entraban y salían.
Atrapada, luchaba por respirar y amar al vacío. Sola, emprendía viajes y se iba de copas. Siempre sonriente, siempre vestida de rojo. Largas noches disfrazada de trapo.

Alone with the Alone

Aquella noche, el suelo se hundía, empezando el agua a subir por mis pies. No lograba evadir el estado de shock y a duras penas podía alcanzar la maleta y salvar cualquier valor. Hacía esfuerzos para pensar, para decidir, pero era inútil. Tan solo podía ya correr y dejar que se lo tragara el mar.
Volví dias después con mi traje de buzo a rescatar lo imposible. La frágil luz de la superfície se iba volviendo oscura al descender. La ansiedad empezó a ahogarme, la soledad irrumpió de nuevo mientras el frio iba calando mis huesos. Me dejé llevar por la corriente, de forma casi suicida, aprovechando el resto de oxígeno y descubrí la Nada.
A las seis de la mañana desperté con el teléfono en mano, mas inerte que núnca, y tras observarlo durante algunos segundos lo dejé caer. La claridad de la mañana en sinergia con los destructivos pensamientos, impedían el reposo y tras varios intentos puse rumbo a la salida.

El coche frio y en silencio, me reencontró con la tranquilidad.
Sin saber como, llegué a una playa y en la orilla, al mismo ritmo que el amanecer, y con la melodía incrustada en mis oídos descubrí el error de rescatar el sin sentido.

Mejor desde la distancia

En el mismo escenario, vacío, un año más se encontraron los dos asiduos. Ella llegó casi intuitivamente guiada por la fuerza que desprendían bajos y guitarras. Él, unos cinco metros por delante, canturreaba mentalmente tema a tema. Se reconocieron él y ella, y evitaron sin resultado encontrarse en algún punto.
A partir de aquel momento, la atención se dividía y la música perdía cualquier valía. Un ritmo cada vez más frenético se imponía en el ambiente, por lo que sus relojes se pararon a la par. Se guiaron pues, por sus latidos y desconectaron cualquier estímulo ajeno a aquella atracción. Mientras, en el mundo exterior, los repertorios finalizaban y las luces se encendían.

Ella, apoyada en la misma columna que la cobijaba desde su llegada, esperaba impaciente que aquella alma misteriosa marchara, para dejar pasar los meses alimentando al desconocido ideal. Pues cualquier proximidad lo convertiría probablemente, en un oscuro laberinto de inertes sensaciones.
Él, ideó un acercamiento para consumar la atracción y, automática e inconscientemente, inmolar aquella historia, en cuanto la besara.

Miradas Cruzadas


Te encontré en una pensión,
donde te refugiabas asustado de la ignorancia.
Dejabas que te observara y se cruzaran miradas, pero callabas.
Seguiste perdido mis pasos hasta el agua, me ofreciste hielo y te dormiste.
Crucé los pasillos que limitaban mi acceso,
y casi intuitivamente golpeé varias puertas, una a una esperando hallarte, tumbado.
Sabía que ninguna era la mía, quise activar la alarma.
Me fui y nos encontramos, ¿recuerdas?, en aquella escalera hacia alguna parte...

Desperté

Mordisco inminente

De entre todos los presentes, la serpiente me eligió a mi.

Aun sabiendo que su mordisco de muerte era inminente, la estrategia por escapar e intentar esquivar su primitivo instinto fue una realidad.
Me escondí en un lavabo, tapié agujeros y rendijas, cerré la puerta y esperé.
Cuando parecía que me había reído de su ignorante percepción, ví como avanzaba lenta y sigilosamente para sorprenderme desde un lugar que había olvidado. Me había despistado.
La reacción, poco inteligente, fue salir de aquel agujero en el que me había metido aún llamando poderosamente su atención.

Logré escapar aquella vez, pero se que me perseguirá silenciosamente hasta que logre su objetivo: dar conmigo.